Sin Nombre Definitivo. . .

De Richard E Irene.

Abril 15, 2009 · 4 comentarios

Apenas abrió la puerta supe que no habría de pasar la noche con Irene.

Llevaba puesto un vestido azul obscuro abajo de la rodilla y su cabellera salvaje había sido domada. Le había hecho algo a sus ojos. Parecían más grandes. Más obscuros. Más ambiciosos.

‘¿Sales?’

‘A una cena. Hoy no te puedes quedar.’

‘Podría quedarme y esperarte. No importa que vuelvas muy tarde, yo te espero.’

Ay, niño. Eso de que no importa que vuelvas muy tarde y yo te espero lo dije y me lo dijeron tantas veces en la vida que después de mucho tiempo, se volvió una promesa vacía. Esa fue una de las veces que se lo dije a Irene siendo completamente sincero.

Y ella se rió.

‘No vuelvo hoy. Quizá nos veamos en una semana’

‘¿Quizá?’

‘Quizá pase más tiempo’

‘¿Vas con alguien?’

Y ella no respondió y sólo me miró con burla.

‘¿Desde cuando eso te incumbe?’

Desde siempre, desde siempre, le dije. Y se lo volví a repetir ¿vas con alguien?.

‘Sí. Voy con alguien’

Me miró con una sonrisa triste. Con lástima.

Nos vemos luego Richard. Me dio un beso leve en los labios y cerró la puerta. Se quedó flotando en el aire su olor a lirios, a miel y a un no sé qué más.

Y yo volví una semana después a buscarla. E Irene no estaba ahí.

Categorías: Cuentos indefinibles. · Pedazos propios

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