Sin Nombre Definitivo. . .

Entradas clasificadas como ‘Apartado Tétrico.’

Cuentos de Sangre (Mexicana)

Mayo 22, 2009 · 4 comentarios

1. El Cuento de Armando.

Se llamaba Armando y era un buen tipo.

Recibió la primera llamada una mañana corriente, después de empezar a trabajar. Todas las personas que conocía ya habían recibido alguna llamada por el estilo. Voz del otro lado del teléfono, diciendo que lo tenían vigilado, que sabían por donde vivía, que sabían en donde trabajaba, que tenía de dos: darles dinero o dejar morir a su familia. Armando solo colgó.

Pero luego las llamadas llegaron a su celular. Bien entrada la noche, voces al otro lado del teléfono advirtiéndole que era de verdad, que no estaban bromeando y que era idiota si creía que podía escapar.

Que sabían que su casa era azul y que tenían tres hijos. A que escuela iba cada uno.

Que dormía del lado izquierdo de la cama.

Y a Armando el terror lo acompañó todos los días. Cada segundo, sin evitar preguntarse porqué él, que era un veterinario más. No ganaba lo suficiente para comprarse un auto y pagar la hipoteca. Y tenía deudas por todas partes.  

Un día, por casualidad, por suerte, por algo que no supo definir, mientras ellos no se encontraban en la casa, alguien entró. No robaron nada. Nadie los vio entrar, pero cuando la familia de Armando entró, encontró en la casa todos los cajones y todas las puertas abiertas. Era un mensaje muy simple.

No están a salvo.

Y ellos huyeron, una noche, con pocas cosas y mucho miedo. Se fueron tan lejos como pudieron y no le dijeron nada a nadie.

Armando no encontró trabajo de veterinario. Su esposa se puso a trabajar en un supercito. Las llamadas no pararon. Por el celular seguían llegando los mensajes. Que no estaba a salvo, que era más tonto de lo que ellos pensaban si creía que podía escapar. Que todo había cambiado y que ahora los encontrarían sólo para que él viera morir a su familia.

Y un día, un día que parecía otro cualquiera, mientras cruzaba la calle, atropellaron a su hijo menor. Nadie vio quien lo hizo. Lo que vieron fue el cuerpecito tirado, hecho jirones.

Ya no había llamadas.

Armando se obsesionó. Fueron ellos, fueron ellos. Debí pagar. Por mi culpa se murió mi hijo. Lloraba en lo que los tranquilizantes hacían efecto y se quedaba dormido. La esposa no lo soportó más, toda la muerte, las amenazas. Su hijo despedazado en medio de la calle y el esposo cayéndose a pedazos. Se llevó a los niños.

Poco después dieron por el radio la noticia de que una banda entera de secuestradores había sido atrapada en determinada ciudad. Su ciudad.

Pero Armando nunca se enteró. Armando compró una pistola, se la metió en la boca y jaló el gatillo en el baño del apartamentito en donde vivía.

Se llamaba Armando. Era un buen tipo.

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Cuando la Locura de Otros se Incumbe con Tu Cordura.

Abril 27, 2009 · 6 comentarios

Ya lo había dicho.

Si liberas a tus ángeles y desencadenas a tus demonios. . .

Pero esta es una de mis películas favoritas. Es simplemente genial. Tiene partes muy enfermizas y otras completamente absurdas. Se llama, en español, ‘Recortes de mi Vida’

Y aquí está el trailer, que, en mi opinión no genera las espectativas suficientes en torno a la película, que es sensacional. Y acuerdense, si la van a ver, del gato.

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Las Sobras.

Marzo 18, 2009 · 6 comentarios

Si te arrancas la cara.

Si te quitas las ideas.

Si apartas lo bueno.

Y lo malo.

Si liberas a tus ángeles.

Y desencadenas a tus demonios.

Si te quitas tu locura.

Y tu cordura.

Si abandonas tus sentimientos.

Y desistes de tus análisis.

¿Qué queda?

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Otra Idea Nueva.

Marzo 16, 2009 · 9 comentarios

(Bien, ando de creativa. Me deshice de una historia antigua y conseguí de sus cenizas otra nueva, nueva. Sin causa ni orden aparente. Tomé a mis ángeles y a mis demonios, a mis ideas nuevas y viejas, a mis obsesiones y a las apariencias, los senté todos en un cuarto y les invité un café. Y salío muy bien.)

La Reina de los Locos.

Ese día Vicky sólo era Vicky y no respondía si la llamaban de otra forma.

‘Vamos a jugar un juego nuevo, ustedes y yo’

Los Locos se le quedaron viendo y asintieron. En la sala había un personaje nuevo en el que nadie había reparado, quizá  porque a nadie le importaba. Miraba a todos con una expresión de miedo.

 ‘Vamos a jugar al psicólogo’

Los Locos abuchearon. En el Manicomio, la vida entera era jugar al psicólogo, pero Vicky los calló y puso los brazos en aras. Oh, vamos será divertido ¿qué nadie quiere divertirse?

‘Tú  Armando, serás el psicólogo, porque nadie te entiende, yo seré una enfermera que secretamente está también, loca. Usted, señor Nuevo, sí, el que acaba de voltear también juega.Los demás, limitémonos a hacernos los locos como siempre’

Alma alzó la mano.

‘Yo juego’

‘¿De veras?. Alma, estás enloqueciendo, esto no me gusta nada. . . bienvenida.’

Vicky señaló un hoyo en la pared.

‘¿Qué ven ahí?’

El señor Nuevo:

‘Un hoyo.’

Armando:

‘Interesante. ¿Qué clase de hoyo?’

‘Uno en la pared.’

‘Sea más original ¡de esta forma no puedo analizar nada!’

‘¿Pero qué quiere que le diga, si es sólo un hoyo?’

‘No intente razonar con Locos’ le susurró Alma, el hombre dio un brinco.

‘Creí esto era una clínica de adicciones’ susurró de vuelta el señor Nuevo.

‘A su manera, todo adicto está loco y todo loco es adicto’ Vicky apareció por detrás. Alma y el señor Nuevo dieron un brinco ‘Pero eso no suena lógico, a pesar de serlo’

‘Señores, ¡esto es un análisis!’

‘Abandono’ gritó Vicky.

‘Un mundo diferente; paralelo’

‘Una muerte piadosa’

‘Un grito silencioso’

‘Carbón en lugar de obsequios, para Navidad’

‘Un catorce de febrero en el que estuve sola’

‘Una cloaca. Por ahí se fue mi anillo de bodas’

‘La Locura. Los Vicios, todos instalados a sus anchas’

‘Azul’

Era el señor Nuevo quien había dicho eso. Todos se lo observaron con extrañeza.

‘¿Cómo es que podría ser azul?’

‘Todos los demás dijeron idioteces. ¿Por qué no podría ser azul?’

‘No eran idioteces. Eran significados. ¿Qué acaso, a usted le significa azul ese hoyo?

‘No’

‘Vicky, no estoy seguro que esa pregunta tenga algún sentido. . . ‘

‘Sí tiene sentido ¡yo se lo di! .Señor Nuevo, no cabe duda de que usted está loco, pero es un loco común y corriente, ni siquiera intenta ser uno original. Está loco y aquí no podremos ayudarle.’

Vicky se volteó y señaló a Alma.

‘¿Qué significa ese hoyo, Alma?’

‘Un vacio’

Vicky asintió, lentamente.

‘Muy bien.  No me cabe duda de que tú eres la Reina de los Locos.’

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El Alambre del Funámbulo.

Marzo 1, 2009 · 6 comentarios

Hace un año se acabó el Alambre del Funámbulo.

Me encantaba ese blog. Fue al primero que me metí, y al único al que me meto nada más para ver si ya apareció. Grampus escribía con gtalento, verdaderas historias de miedo y post realmente entretenidos. Extraño meterme a ese blog a ver lo nuevo que había escrito. Su partida fue como muchas de mis historias; un día se fue y nunca más tuvimos noticias suyas.

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Las memorias del hombre Richard A. Iparrea.

Febrero 26, 2009 · 2 comentarios

Fausto Herrera era un hombre que no creía en la mayoría de las cosas, por que había comprobado que no valía la pena creer en ellas. Era amigo de mi solitario abuelo y es por eso que su recuerdo permanece en mi memoria, apareciendo en ella mucho más que el borroso recuerdo de mi padre.

Esa desconfianza no estuvo siempre presente. Me acuerdo de cuando surgió, principalmente por que mi desconfianza empezó junto con la de él. Una de tantas tardes por el puerto, cuando la época empezaba a mutar, Fausto Herrera salió a caminar por el muelle viejo, ese que se usaba poco y en las mañanas. Nunca había demasiada gente por aquellos parajes, justamente lo que Fausto buscaba.

Por eso le sorprendió la cantidad de gente ahí. Fausto ya estaba en el muelle y un sudor frío en la nuca le avisó que algo no estaba bien. Tal vez no fuera el sudor frío lo que le avisó que algo no marchaba con regularidad, sino el hecho de que el hombre más cercano a él llevaba un arma. Fausto Hernández creía que sólo los policías llevaban arma y ni siquiera todos, él sólo había visto policías armados en la capital.

El hombre no era policía. Eso Fausto lo sabía. Y ningún hombre honesto va armado.

Había más de veinte hombres y Fausto Hernández llegó a la conclusión que lo mejor sería quedarse quieto, mientras los hombres descargaban cajas y las metían a un barco destartalado. Justo entonces entró un auto de policía. Fausto Hernandez empezó a temblar, seguro de que habría balacera y el terminaría muerto.

Los cinco policías se bajaron. Fausto conocía de vista a dos de ellos y bastante bien al que iba en el asiento del copiloto. Era Miguel, el hermano de su vecino Adolfo. Había comido en su casa, varias veces.

Los hombres seguían guardando las cajas, como si nada. Los policías se les acercaron y empezaron a desempacar.

Fausto nunca volvió a confiar en hombres armados, ni en aquellos que se decían de la ley.  Tampoco volvió a invitar a Miguel a comer. Ni a Adolfo, por las dudas.

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Las memorias del hombre Richard A. Iparrea.

Febrero 24, 2009 · 5 comentarios

El día no tenía ninguna de las características prometidas por la primavera el día en que Irene Huerta desapareció. La mañana avanzaba fría, con un cielo azul despejado y con un viento turbulento que pocos pájaros se atrevían a cruzar. Además, la noche anterior había estado lloviendo.

A ella la conocía todo el pueblo. Justo Hurtado tenía una tienda, y a Irene siempre la podían encontrar ahí, sentada y garabateando en la obscuridad del establecimiento, reconocible entre todas por su cabello color cobre y un  aire de buena que no se le fue aún cuando creció un poco y empezaron a mirarla como si fuera mujer.

 Irene parecía santa y por alguna razón, era justamente eso lo que despertaba el hambre de Felipe Guzmán, quien no entendía por qué cada vez que veía a Irene Hurtado, un hoyo se le abría en el estómago y le daban ganas de llorar. Igual le sucedía con alguna música buena y unos pocos poemas. Lo de Felipe era un amor puramente platónico, diferente a esa hambre obscura que corrompe. Felipe Guzmán era mi amigo y a ratos y con una pasión febril, me contaba sus desvaríos con Irene Hurtado. Irene Hurtado. Irene Hurtado. Repetía su nombre suavemente y sin prisas, como una canción de cuna, asegurando que Irene Hurtado tendría un olor a miel.

Irene Hurtado. Irene Hurtado. La chica que nunca habría de ser suya.

La primera vez que vio al hombre de la gabardina fue un miércoles en la plaza. Él llevaba lentes de sol, pero aún así, sabía que estaba viendo a Irene, y quiso ir hasta ella y protegerla, pero no hizo nada, por que apenas si había hablado con Irene Hurtado y le daba miedo que lo tachara de mentiroso y cuenta cuentos. No le dijo nada, pero el viernes siguiente el hombre de la gabardina estaba ahí, esperando. Felipe Guzmán estuvo vigilando los quince minutos que el hombre permaneció  en la plaza, hasta que se subió a un auto negro y reluciente y se fue. Ese día Irene estaba con su padre en la tienda. Al día siguiente, no.

 Y el día se acabó, llevándose con la luz moribunda del atardecer, el olor a miel de Irene Hurtado.

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Seamos Macabros.

Febrero 14, 2009 · 3 comentarios

Quiero que sepan que no soy exigente son la mayoría de las películas, exceptuando las de amor y las de horror. Teniendo en cuenta mi lado irremediablemente cursi, todas las películas de amor me hacen suspirar (y algunas lagrimear), pero las de terror, no. La mayoría me decepcionan.

Por eso, considerando que el mejor terro es aquel que es simple y psicológico. Me ha entrado ese instinto gritón que surge en lo más macabro de mi ser. Esa vocecita que grita ‘Esa la compras, por que ya te la perdiste en el cine y  NECESITAMOS verla’

Y sí. NECESITAMOS verla. La música, la actución. . . hay algo en el trailer que me encanta.

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Las memorias de el hombre Richard A. Iparrea y sus recuerdos de los otros Locos Habituales.

Febrero 6, 2009 · 7 comentarios

Te lo digo de una vez niño, te lo advierto, ojalá tomes mi consejo para que luego no digas que no te lo advirtieron y andes lloriqueando por ahí; el amor duele.

Duele más que el piquete de una abeja, aunque se siente un poco así, por lo menos en mi caso. Como el piquete de una abeja, nada más que el aguijón se quedó dentro, muy dentro y muy profundo, en el centro de mi corazón. Un dolor que se añeja, pero nunca se va, y que a veces en las noches me despierta, para que yo me enrolle en mí mismo y me ponga a llorar bajito. Para que nadie oiga.

No te sorprendas. Los machos también lloramos, solo que escondidos, por que las lágrimas nos dan vergüenza. Además, dan miedo, son nuestras y de todos modos no las controlamos. En la vida, siempre ansiamos ese control que en realidad nunca tenemos y buscamos desesperados.   

¿Te acuerdas de lo que me dijo Minerva la Gitana? ‘Tu futuro está lleno de abandono’. Lo estuvo. Lo estará, que sea viejo no significa que no tenga futuro. Para eso me dio las pociones de amor, porque estaba segura de que servirían. Y sirvieron, la magia no fue un problema. El  que no servía era yo.

Me acuerdo de Irene Hurtado, la niña desaparecida, color de metal. Nunca soñé con encontrarla. Era Federico quien estaba enamorado de ella, no yo. Y de todos modos me enamoré de Irene Hurtado. Con sus ojos grises, color de metal. También de Paloma. Paloma, no tenía apellido, sólo su nombre y era eso lo único que necesitaba, y que quería. Paloma la Incondicional. Yo le engañé y le dí el filtro de brujas de carnaval, para que se enamorara de mí, pero nunca me tomé la porción que me correspondía. Y fui yo quien le rompió el corazón.

‘Y te amaré por el resto de mi vida’

Y lo hizo. Y yo le partí el corazón.

Y Carmen. Ay, Carmen. Carmen, la menos bella de todas, pero la más real. La que hacía preguntas. Sus preguntas me dejaban pensando en respuestas, intentando comprender que había detrás de lo que decía. Carmen, la Libre. La Inocente. La Feroz. Era tan distinta, tan contrastante. Carmen, a la única que nunca terminé de conocer y que nunca empecé a comprender. Sin embargo, a pesar de las diferencias, a pesar de esa incomprensión tenaz que se situaba entre nosotros, nunca estuve tan seguro de que amaba, como lo estuve con ella, tan seguro de su amor por mí como de el mío por ella, que me bebí el filtro, sin pedirle nunca que bebiera la parte que le correspondía. Nada dolió tanto. Y nada dolerá más.

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Preguntando (del Mal e Incompletos)

Enero 22, 2009 · 4 comentarios

Esta pregunta surgió después de leer ‘Wicked’, ‘El Demonio y la Señorita Prim’ y ‘The Jewel of Medina’ y al ponerla a debate en el salón, surgieron distintas respuestas, todas diferentes.

Además del trasfondo psicológico de la cuestión, muy útil para analizar a aquél con quien se habla, es interesante para pensar. Cuando obtenga diferentes opiniones, pondré yo lo que pienso.

¿Cuál es el origen del mal?

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