Sin Nombre Definitivo. . .

Entradas clasificadas como ‘Cuentos indefinibles.’

Sun is Shiny in the Sky. Don’t you know it’s a beautiful day?

Septiembre 30, 2009 · 6 comentarios

¿Y si pudieras ser feliz toda tu vida?

¿Lo harías?

¿Feliz Toda Tu Vida?

 

Supongan que les proponen eso. Algo que los hiciera feliz toda tu vida. ¿Lo harían?¿Aunque fueran felices sin serlo realmente?

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¿Across the Universe?

Septiembre 8, 2009 · 4 comentarios

¡Haz algo, haz algo!

¡Canta!¡¡CAAANTAA!!

¡No, no tiembles, no tiembles!¿Por qué demonios estàs temblando?

¡¡NO TE PONGAS NERVIOSA, NO NO MUERDAS LA MANZANA!!

(Mejor cállate, estás cantando horrible)

¡¡Deja de cantar, deja de cantar!!

¡No tiembles, no tiembles!

¡Haz algo, cualquier cosa, no te quedes ahí parada!

¡No, no sigas cantando!¡Corre, mejor corre!

 

Bueno, todo lo anterior me lo estaba diciendo yo misma en la audición para ser Lucy en el musical de mi escuela. El terror -y la autocensura, tan bien censurada en lo que se refiere a escribir, porque escribo lo que se me antoja- hicieron su efecto. A mí me encanta cantar  y, creo yo, no lo hago tan mal. Cada vez que cocino, me pongo a cantar. Pero este no era el caso y tenía que cantar sin miedo. Y yo soy muy miedosa.

Pero por lo menos canté. (¡pero lo hiciste mal, lo hiciste mal!)

Mierda. La autocensura.

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El Cuento de la Tortuga.

Agosto 26, 2009 · 4 comentarios

Había estado vagando por algunos días por una de las muchas carreteras mal pavimentadas cuando la atrapó un chico. Su caparazón estaba surcado de arañazos y una parte había sido perforada por colmillos de perro callejero.

Nadie sabía que hacía una tortuga japonesa vagando entre los manglares. Al chico le gustaban las tortugas y sabía que no podía estar ahí, terminaría atropellada por algún auto o devorada por alguien.

Por eso se la llevó a la casa de su abuelo, la lavó y vio que era hembra. También vio que mordía. Tuvo que sacarla de ahí cuando su abuelo le dijo que lo mejor que se podría hacer con la tortuga era sopa. Se le llevó a la casa de su abuela.

Luego llegó la familia. El tío mayor se quedó prendado de la gigante japonesa que tenía metida en una tina. El abuelo, sin pensarlo un momento ni consultarlo con el chico, se la regaló al tío que dijo ser un especialista en tortugas. No dijo que una vez había abandonado la tina donde tenía una japonesa, una tres lomos y una carnívora y cuando volvió, la cabeza de la japonesa había desaparecido y las otras dos tenían un hongo que las terminó matando.

La metieron a una hielera que no era lo suficientemente grande, la subieron a una camioneta y se la llevaron por la misma carretera donde ella había caminado anteriormente, rumbo a la capital.

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Conversación. (Otra Idea Nueva)

Junio 1, 2009 · 4 comentarios

(Una cosa más: debería estar estudiendo español, pero al ver tráilers, me ha llegado una buena idea)

-Otra fiesta. ¿Recuerdas que nos conocimos en una fiesta?

-Recuerdo que estabas ebrio.

-¿Quieres molestarme?

-Tal vez. Me estoy aburriendo. La fiesta en la que nos conocimos fue mucho mejor.

-Bien. Sólo me acerqué para decirte que nunca te habías visto más hermosa que esta noche.

Se encogió de hombros y se rió, negando con la cabeza.

-Yo nunca me he visto bonita, ni esta ni alguna otra noche.

-No dije que te vieras bonita, dije que te ves hermosa. Eres hermosa.

-Y tú eres un mentiroso.

-¿El mejor que hayas conocido?

-¡El peor de todos!

-Está bien. Me distingo entre todos.

Pero ella agarró su bolsa y se despidió.

-Un gusto verte.

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Fotografía de un Susurro.

Mayo 6, 2009 · 3 comentarios

‘. . . es como si te contaran una historia através de los personajes. Para mí, eso es la fotografía’

‘¿Y la mejor historia de amor que hayas contado?’

Ella suspiró, pensando en otra cosa. Se guardó las palabras.

‘No he contado ninguna historia’

Se dirigió hacia la puerta.

‘Pero mañana te enseñaré una que vi’

 

La mujer sonreía, con los ojos cerrados. El hombre estaba de perfil, los labios pegados al oído de ella, con la mirada baja, susurrando algo. Un algo que la había hecho cerrar los ojos y sonreir. Debían tener más de sesenta años.

Aquella fotografía combinaba luz, enfoque, todo. Sin embargo, no era eso lo que llamaba la atención. Era el gesto íntimo y cariñoso que se quedó en el pedazo de papel, en blanco y negro.

‘Es mi favorita’ dijo Miranda.

‘Es hermoso’

Siempre me pregunté que era lo que susurraba. Dijo ella. Pero no me animé a acercarme y me robé un pedazo de su susurro fotografiándolo y ellos no se dieron cuenta. Me fui y me quedé la pregunta y la fotografía como recuerdo. Él le dio un beso en la oreja. Debían de tener más de sesenta años.

¿Tú crees que podrías susurrarle a alguien toda tu vida?

¿Tu crees que el amor dura tanto?

‘¿Crees que el amor no se desgasta con el tiempo y termina siendo un recuerdo que idealizamos?¿Crees que el amor tiene un final?’

¿Crees que podrías susurrarle a alguien toda tu vida?

No me pude contestar las demás preguntas. Pero me hubiera gustado susurrarle a Carmen toda mi vida en su oido, toda ola vida susurrando. Pero no pude.

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Entre las Rosas.

Mayo 4, 2009 · 10 comentarios

La encontraron entre las rosas.

No tenía nombre, ni historia. Si la hubo, nunca la pudo contar.

Las rosas blancas se volvieron rojas.

Y en sus brazos sólo quedaron arañazos producidos por las espinas.

Sus muñecas estaban atrapadas por unas esposas.

Su cabellera se enredó entre las ramas.

Y todo quedó oliendo a flores.

La encontraron entre las rosas.

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Del Sexo.

Mayo 2, 2009 · 8 comentarios

Es una nueva historia ¿se acuerdan de la de unas chicas que se gustaban, que incluía un karaoke? Bueno, como siempre, cambié la historia y le alargué otras cosas y la mezclé con otras. Este es un pedazo y si todo sale bien, intentaré hacer un corto este verano. Díganme que piensan. Aún faltan muchos personajes y son sólo pedazos, pero esta vez intentaré escribir por partes en lugar de como lo hago siempre, ya con la idea entera.

 

‘¿Y cuando fue tu primera vez?’

‘Esa pregunta es un poco privada ¿no creen?’

‘Es verdad o castigo, no hay preguntas privadas.’

‘Soy virgen’

 

‘. . .¿la escuela?’

‘Me quedé oficialmente sin mejor amiga. Intenté besar a Gabriela. La próxima vez me aseguraré que mi mejor amigo sea un chico, así no tendré ganas de besarlo.’

Su madre no dijo nada.

‘Mamá. Pon atención. Esta es la forma menos radical que tengo para decirte que me gustan las chicas’

‘Ya lo sabía. Es un poco obvio’

Erika se quedó callada y observó a su madre.

‘¿Representa eso un problema para ti?’

‘No ¿por que sería un problema para mí?’

‘¿Lo sería para papá?’

‘Es distinto. Tal vez lo comprendería si fueras tú.’

‘Mamá, no mientas. Te sale mal.’

 

‘Vale, te lo voy a decir así. No me importa que me digan loca, pervertida, enferma o lesbiana. No importa porque sé quien soy. Y no me importa los nombres con los que me intenten llamar porque tú estas aquí. Y mientras tú estás aquí no me importan los demás’

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Los Chilaquiles (Richard A. Iparrea)

Abril 23, 2009 · 11 comentarios

Mi madre nos contó a mí y a Azucena que la más grande prueba que le dio mi padre de que serían una pareja estable y tendrían un matrimonio feliz fue cuando se fueron a vivir a una misma casa y ella empezó a cocinar. Su primer plato fueron unos chilaquiles.

Creyó que tendría talento, pero se equivocó. No había pollo en la casa y decidió usar carne salada por que le gustaba y acompañarlo con morcilla porque sentaría bien. Le echó medio frasco de ablandador, ya que le parecía que la carne no se suavizaba y que la tortilla estaba muy dura. Tampoco había queso, se lo habían comido la tarde anterior en los juegos previos al amor, así que le echó un chorro de aceite, varios jitomates y todo el chile que encontró.

Para adornarlo, le echó cilantro y perejil, ya que no sabía distinguir el uno del otro y ambos eran verdes y olían, lo que los convertía en el mismo condimento. Creyó que para cocinar sólo se necesitaban algunos ingredientes y una buena disposición para hacer revoltijos.

Dejo que aquella mazamorra hirviera hasta que formó unas espesas burbujas en su superficie color rojo vino. Probó una cucharada y como no le gustó, le echó toda la sal que pudo y le metió más chile picado y una taza de agua, por que según ella, le faltaba caldo. En la alacena encontró unas bolitas que al principio creyó que sería caca de ratón y que resultó ser pimienta, así que las agregó al guiso, contenta. Mientras más condimentos, mejor.

Le sirvió aquel brebaje a mi padre, quien con tan sólo olerlo, le picaron los ojos. Lo picó con la cuchara para asegurarse que aquello no estuviera vivo y le echó una mirada a Miranda, para asegurarse que aquello no era una broma. La vio nerviosa, preocupada por aquel guiso de aspecto tan extraño que esperaba le gustara a su marido.

Así que mi padre se comió el plato entero sin chistar y con una sonrisa, más de lástima propia que otra cosa. Pidió otro plato de aquella cosa roja con pedacitos verdes y luego otro más, mascando fieramente porque la carne no cedía y la morcilla le había proporcionado un sabor a metal que terminó inmunizando su boca y su garganta contra el chile.

Cuando hubo terminado de masticar, ella ansiosa, le preguntó si estaba bueno.

Mi padre no era hombre de mentiras y le dijo la verdad.

‘Es la cosa más asquerosa que he probado.’

Ella le dió un beso, por que después de todo se había comido la olla entera y lo mandó por un pedazo de queso para comer comida de verdad y luego gastar energías de la forma en la que las habían gastado toda esa primera semana de recién casados.

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De Richard E Irene.

Abril 15, 2009 · 4 comentarios

Apenas abrió la puerta supe que no habría de pasar la noche con Irene.

Llevaba puesto un vestido azul obscuro abajo de la rodilla y su cabellera salvaje había sido domada. Le había hecho algo a sus ojos. Parecían más grandes. Más obscuros. Más ambiciosos.

‘¿Sales?’

‘A una cena. Hoy no te puedes quedar.’

‘Podría quedarme y esperarte. No importa que vuelvas muy tarde, yo te espero.’

Ay, niño. Eso de que no importa que vuelvas muy tarde y yo te espero lo dije y me lo dijeron tantas veces en la vida que después de mucho tiempo, se volvió una promesa vacía. Esa fue una de las veces que se lo dije a Irene siendo completamente sincero.

Y ella se rió.

‘No vuelvo hoy. Quizá nos veamos en una semana’

‘¿Quizá?’

‘Quizá pase más tiempo’

‘¿Vas con alguien?’

Y ella no respondió y sólo me miró con burla.

‘¿Desde cuando eso te incumbe?’

Desde siempre, desde siempre, le dije. Y se lo volví a repetir ¿vas con alguien?.

‘Sí. Voy con alguien’

Me miró con una sonrisa triste. Con lástima.

Nos vemos luego Richard. Me dio un beso leve en los labios y cerró la puerta. Se quedó flotando en el aire su olor a lirios, a miel y a un no sé qué más.

Y yo volví una semana después a buscarla. E Irene no estaba ahí.

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De Último Minuto.

Marzo 27, 2009 · 4 comentarios

Iba a escribir algo de Richard A. Iparrea, pero mi cerebro no dijo nada y no supe que escribir. Iba a poner las cinco películas qué más me gustan, pero se me olvidaron dos y pues poner tres no tiene sentido.

Iba a escribir algo de ese chico al que no quiero llamar por su nombre, pero el mero hecho de pensar en él, me produjo un retortijón de panza que. . . bueno, produjo un retortijón de panza.

Iba a escribir una historia. No sé que diría. Pero al final no la escribí. Se me acabaron los misterios, las palabras románticas, los susurros de amor, y no quiero hablar más de tristeza.

Y resultó que escribía algo de todo lo que no hice y ya.

Si dejas todo, ¿queda algo?

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