¿Y si pudieras ser feliz toda tu vida?
¿Lo harías?
¿Feliz Toda Tu Vida?
Supongan que les proponen eso. Algo que los hiciera feliz toda tu vida. ¿Lo harían?¿Aunque fueran felices sin serlo realmente?
¿Y si pudieras ser feliz toda tu vida?
¿Lo harías?
¿Feliz Toda Tu Vida?
Supongan que les proponen eso. Algo que los hiciera feliz toda tu vida. ¿Lo harían?¿Aunque fueran felices sin serlo realmente?
Categorías: Cuentos indefinibles. · Pedazos propios · Yo de cuirosa.
¡Haz algo, haz algo!
¡Canta!¡¡CAAANTAA!!
¡No, no tiembles, no tiembles!¿Por qué demonios estàs temblando?
¡¡NO TE PONGAS NERVIOSA, NO NO MUERDAS LA MANZANA!!
(Mejor cállate, estás cantando horrible)
¡¡Deja de cantar, deja de cantar!!
¡No tiembles, no tiembles!
¡Haz algo, cualquier cosa, no te quedes ahí parada!
¡No, no sigas cantando!¡Corre, mejor corre!
Bueno, todo lo anterior me lo estaba diciendo yo misma en la audición para ser Lucy en el musical de mi escuela. El terror -y la autocensura, tan bien censurada en lo que se refiere a escribir, porque escribo lo que se me antoja- hicieron su efecto. A mí me encanta cantar y, creo yo, no lo hago tan mal. Cada vez que cocino, me pongo a cantar. Pero este no era el caso y tenía que cantar sin miedo. Y yo soy muy miedosa.
Pero por lo menos canté. (¡pero lo hiciste mal, lo hiciste mal!)
Mierda. La autocensura.
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‘. . . es como si te contaran una historia através de los personajes. Para mí, eso es la fotografía’
‘¿Y la mejor historia de amor que hayas contado?’
Ella suspiró, pensando en otra cosa. Se guardó las palabras.
‘No he contado ninguna historia’
Se dirigió hacia la puerta.
‘Pero mañana te enseñaré una que vi’
La mujer sonreía, con los ojos cerrados. El hombre estaba de perfil, los labios pegados al oído de ella, con la mirada baja, susurrando algo. Un algo que la había hecho cerrar los ojos y sonreir. Debían tener más de sesenta años.
Aquella fotografía combinaba luz, enfoque, todo. Sin embargo, no era eso lo que llamaba la atención. Era el gesto íntimo y cariñoso que se quedó en el pedazo de papel, en blanco y negro.
‘Es mi favorita’ dijo Miranda.
‘Es hermoso’
Siempre me pregunté que era lo que susurraba. Dijo ella. Pero no me animé a acercarme y me robé un pedazo de su susurro fotografiándolo y ellos no se dieron cuenta. Me fui y me quedé la pregunta y la fotografía como recuerdo. Él le dio un beso en la oreja. Debían de tener más de sesenta años.
¿Tú crees que podrías susurrarle a alguien toda tu vida?
¿Tu crees que el amor dura tanto?
‘¿Crees que el amor no se desgasta con el tiempo y termina siendo un recuerdo que idealizamos?¿Crees que el amor tiene un final?’
¿Crees que podrías susurrarle a alguien toda tu vida?
No me pude contestar las demás preguntas. Pero me hubiera gustado susurrarle a Carmen toda mi vida en su oido, toda ola vida susurrando. Pero no pude.
Categorías: Cuentos indefinibles. · Pedazos propios · Vida diaria
Mi madre nos contó a mí y a Azucena que la más grande prueba que le dio mi padre de que serían una pareja estable y tendrían un matrimonio feliz fue cuando se fueron a vivir a una misma casa y ella empezó a cocinar. Su primer plato fueron unos chilaquiles.
Creyó que tendría talento, pero se equivocó. No había pollo en la casa y decidió usar carne salada por que le gustaba y acompañarlo con morcilla porque sentaría bien. Le echó medio frasco de ablandador, ya que le parecía que la carne no se suavizaba y que la tortilla estaba muy dura. Tampoco había queso, se lo habían comido la tarde anterior en los juegos previos al amor, así que le echó un chorro de aceite, varios jitomates y todo el chile que encontró.
Para adornarlo, le echó cilantro y perejil, ya que no sabía distinguir el uno del otro y ambos eran verdes y olían, lo que los convertía en el mismo condimento. Creyó que para cocinar sólo se necesitaban algunos ingredientes y una buena disposición para hacer revoltijos.
Dejo que aquella mazamorra hirviera hasta que formó unas espesas burbujas en su superficie color rojo vino. Probó una cucharada y como no le gustó, le echó toda la sal que pudo y le metió más chile picado y una taza de agua, por que según ella, le faltaba caldo. En la alacena encontró unas bolitas que al principio creyó que sería caca de ratón y que resultó ser pimienta, así que las agregó al guiso, contenta. Mientras más condimentos, mejor.
Le sirvió aquel brebaje a mi padre, quien con tan sólo olerlo, le picaron los ojos. Lo picó con la cuchara para asegurarse que aquello no estuviera vivo y le echó una mirada a Miranda, para asegurarse que aquello no era una broma. La vio nerviosa, preocupada por aquel guiso de aspecto tan extraño que esperaba le gustara a su marido.
Así que mi padre se comió el plato entero sin chistar y con una sonrisa, más de lástima propia que otra cosa. Pidió otro plato de aquella cosa roja con pedacitos verdes y luego otro más, mascando fieramente porque la carne no cedía y la morcilla le había proporcionado un sabor a metal que terminó inmunizando su boca y su garganta contra el chile.
Cuando hubo terminado de masticar, ella ansiosa, le preguntó si estaba bueno.
Mi padre no era hombre de mentiras y le dijo la verdad.
‘Es la cosa más asquerosa que he probado.’
Ella le dió un beso, por que después de todo se había comido la olla entera y lo mandó por un pedazo de queso para comer comida de verdad y luego gastar energías de la forma en la que las habían gastado toda esa primera semana de recién casados.
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Apenas abrió la puerta supe que no habría de pasar la noche con Irene.
Llevaba puesto un vestido azul obscuro abajo de la rodilla y su cabellera salvaje había sido domada. Le había hecho algo a sus ojos. Parecían más grandes. Más obscuros. Más ambiciosos.
‘¿Sales?’
‘A una cena. Hoy no te puedes quedar.’
‘Podría quedarme y esperarte. No importa que vuelvas muy tarde, yo te espero.’
Ay, niño. Eso de que no importa que vuelvas muy tarde y yo te espero lo dije y me lo dijeron tantas veces en la vida que después de mucho tiempo, se volvió una promesa vacía. Esa fue una de las veces que se lo dije a Irene siendo completamente sincero.
Y ella se rió.
‘No vuelvo hoy. Quizá nos veamos en una semana’
‘¿Quizá?’
‘Quizá pase más tiempo’
‘¿Vas con alguien?’
Y ella no respondió y sólo me miró con burla.
‘¿Desde cuando eso te incumbe?’
Desde siempre, desde siempre, le dije. Y se lo volví a repetir ¿vas con alguien?.
‘Sí. Voy con alguien’
Me miró con una sonrisa triste. Con lástima.
Nos vemos luego Richard. Me dio un beso leve en los labios y cerró la puerta. Se quedó flotando en el aire su olor a lirios, a miel y a un no sé qué más.
Y yo volví una semana después a buscarla. E Irene no estaba ahí.
Categorías: Cuentos indefinibles. · Pedazos propios
Iba a escribir algo de Richard A. Iparrea, pero mi cerebro no dijo nada y no supe que escribir. Iba a poner las cinco películas qué más me gustan, pero se me olvidaron dos y pues poner tres no tiene sentido.
Iba a escribir algo de ese chico al que no quiero llamar por su nombre, pero el mero hecho de pensar en él, me produjo un retortijón de panza que. . . bueno, produjo un retortijón de panza.
Iba a escribir una historia. No sé que diría. Pero al final no la escribí. Se me acabaron los misterios, las palabras románticas, los susurros de amor, y no quiero hablar más de tristeza.
Y resultó que escribía algo de todo lo que no hice y ya.
Si dejas todo, ¿queda algo?
Categorías: Cuentos indefinibles. · Pedazos propios · Vida diaria
Si te arrancas la cara.
Si te quitas las ideas.
Si apartas lo bueno.
Y lo malo.
Si liberas a tus ángeles.
Y desencadenas a tus demonios.
Si te quitas tu locura.
Y tu cordura.
Si abandonas tus sentimientos.
Y desistes de tus análisis.
¿Qué queda?
Categorías: Apartado Tétrico. · Cuentos indefinibles. · Pedazos propios · Yo de cuirosa.
(Bien, ando de creativa. Me deshice de una historia antigua y conseguí de sus cenizas otra nueva, nueva. Sin causa ni orden aparente. Tomé a mis ángeles y a mis demonios, a mis ideas nuevas y viejas, a mis obsesiones y a las apariencias, los senté todos en un cuarto y les invité un café. Y salío muy bien.)
La Reina de los Locos.
Ese día Vicky sólo era Vicky y no respondía si la llamaban de otra forma.
‘Vamos a jugar un juego nuevo, ustedes y yo’
Los Locos se le quedaron viendo y asintieron. En la sala había un personaje nuevo en el que nadie había reparado, quizá porque a nadie le importaba. Miraba a todos con una expresión de miedo.
‘Vamos a jugar al psicólogo’
Los Locos abuchearon. En el Manicomio, la vida entera era jugar al psicólogo, pero Vicky los calló y puso los brazos en aras. Oh, vamos será divertido ¿qué nadie quiere divertirse?
‘Tú Armando, serás el psicólogo, porque nadie te entiende, yo seré una enfermera que secretamente está también, loca. Usted, señor Nuevo, sí, el que acaba de voltear también juega.Los demás, limitémonos a hacernos los locos como siempre’
Alma alzó la mano.
‘Yo juego’
‘¿De veras?. Alma, estás enloqueciendo, esto no me gusta nada. . . bienvenida.’
Vicky señaló un hoyo en la pared.
‘¿Qué ven ahí?’
El señor Nuevo:
‘Un hoyo.’
Armando:
‘Interesante. ¿Qué clase de hoyo?’
‘Uno en la pared.’
‘Sea más original ¡de esta forma no puedo analizar nada!’
‘¿Pero qué quiere que le diga, si es sólo un hoyo?’
‘No intente razonar con Locos’ le susurró Alma, el hombre dio un brinco.
‘Creí esto era una clínica de adicciones’ susurró de vuelta el señor Nuevo.
‘A su manera, todo adicto está loco y todo loco es adicto’ Vicky apareció por detrás. Alma y el señor Nuevo dieron un brinco ‘Pero eso no suena lógico, a pesar de serlo’
‘Señores, ¡esto es un análisis!’
‘Abandono’ gritó Vicky.
‘Un mundo diferente; paralelo’
‘Una muerte piadosa’
‘Un grito silencioso’
‘Carbón en lugar de obsequios, para Navidad’
‘Un catorce de febrero en el que estuve sola’
‘Una cloaca. Por ahí se fue mi anillo de bodas’
‘La Locura. Los Vicios, todos instalados a sus anchas’
‘Azul’
Era el señor Nuevo quien había dicho eso. Todos se lo observaron con extrañeza.
‘¿Cómo es que podría ser azul?’
‘Todos los demás dijeron idioteces. ¿Por qué no podría ser azul?’
‘No eran idioteces. Eran significados. ¿Qué acaso, a usted le significa azul ese hoyo?
‘No’
‘Vicky, no estoy seguro que esa pregunta tenga algún sentido. . . ‘
‘Sí tiene sentido ¡yo se lo di! .Señor Nuevo, no cabe duda de que usted está loco, pero es un loco común y corriente, ni siquiera intenta ser uno original. Está loco y aquí no podremos ayudarle.’
Vicky se volteó y señaló a Alma.
‘¿Qué significa ese hoyo, Alma?’
‘Un vacio’
Vicky asintió, lentamente.
‘Muy bien. No me cabe duda de que tú eres la Reina de los Locos.’
Categorías: Apartado Tétrico. · Cuentos indefinibles. · Pedazos propios · Vida diaria · Yo de cuirosa.
Decidí hacer el poema de amor más bello del mundo. Uno que pudiera enamorarte sin reservas, que te mostrara quien soy como yo fuera, que te inspirara a acercarte y a intentar besar.
Algo que te dijera que mis labios son tuyos. Que cada palabra que se refiere a amar la escribo pensando en ti. Que conozco tus defectos, tus valores, que suspiras con la boca abierta y que, probablemente, tu risa sea la mejor del mundo.
Para que supieras que sólo tú me haces reír así, tan locamente y de forma tan sincera. Que me haces pensar en cosas que nunca había pensado.
Que me enamoré con la cabeza y te entregué el corazón entero sin pensármelo dos veces.
Y que cada día que pasa es uno más sin querer verte.
Y que duele, sí. Que duele mucho.
Que no me quedé contigo, ni sin ti. Sólo me quedé sola, conmigo, con mis palabras, con un poema que nunca pude escribir para enamorarte y con muchas ilusiones que quedaron enterradas.
Categorías: Pedazos propios
- Supongo que ha de ser la persona más afortunada del mundo.
- ¿Por qué?
- Porque te tiene a ti.
Categorías: Pedazos propios